Don Alvaro Uribe y sus falsos positivos

Publicado en por PENSAR Y ACTUAR




Asistimos a otro falso positivo del gobierno de don Alvaro Uribe, ahora con UNASUR al decir que en la agenda no se tocará el tema para el cual fue citada la reunión, el señor Don Alvaro, presidente ilegitimo de Colombia, piensa que la comunidad internacional es tan manipulable como la mayoría de colombianos, a los que ha sumido en la pobreza y la indigencia
, apelativo que utiliza para referirse a la miseria, pues eso es lo que ha traído la política de la seguridad democrática, miseria a las mayorías y extrema riqueza a una minoría. Pero el  grave problema de este país es que su gente ha sido mutilada en su discernimiento, piensa como RCN  o CARACOL y creen lo que estos medios les dicen, les han creado un demonio al que llaman las farc, como si antes de esta guerrilla ese país fuera un paraíso. Ahora el terror es el presidente CHAVEZ, el canciller lo denunciara en la OEA y dijo que si persisten brotes de sensatez ante la ONU denunciará a Grecia por la infiltración de las ideas de Sócrates, Platón y Aristotéles, además que Alemania esta en la mira pues un tal Carlos Marx ha inspirado varios movimientos de izquierda en Colombia, y lo más terrible es pensar que Noam Chomsky es otro sospechoso pues sus últimas declarciones "fustigan" a la seguridad democrática...
Publicidad

Etiquetado en NOTICIAS

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post
V
Entrevista de Virginia Vallejo a Diana Cariboni, directora de Inter Press Service<br /> <br /> 1. ¿Cuáles son las claves del testimonio que usted prestó el pasado 11 de julio en Miami a la fiscalía colombiana sobre la toma del Palacio de Justicia?<br /> <br /> Confirmar la financiación de la toma por parte de Pablo Escobar y el doble objeto que con ella se pretendía: para los grandes narcotraficantes, el robo de sus expedientes del Palacio de Justicia antes de que la Corte Suprema pudiera iniciar su estudio para pronunciarse sobre sus extradiciones hacia Estados Unidos; para el grupo insurgente M-19, denunciar la desaparición de gran cantidad de antiguos miembros suyos, del Ejército Popular de Liberación y de la agrupación indígena Quintín Lame tras haberse acogido al Proceso de Paz de Belisario Betancourt, básicamente una amnistía para los miembros de grupos rebeldes que depusieran las armas. Tras tomarse el palacio, y mientras los<br /> guerrilleros hurtaban los prontuarios de Pablo Escobar y sus socios, los comandantes de la toma exigirían la presencia del presidente Betancourt para llevarlo a juicio por traición a los acuerdos y exigirían espacios radiales al Gobierno para iniciar el proceso de desmovilización y pasar a constituirse en partido político.<br /> <br /> 2. Cuando publicó "Amando a Pablo, odiando a Escobar", en una entrevista a la<br /> televisión colombiana, y ante la pregunta de por qué esperó hasta septiembre de 2007 para exponer sus memorias y denuncias contenidas en ese libro, usted respondió: Porque sólo ahora se cierra el círculo. ¿A qué se refería?<br /> <br /> Durante veinte años, había guardado un silencio hermético sobre Pablo Escobar, no sólo por terror sino por vergüenza. Me refería al hecho de que Álvaro Uribe, muy cercano a Pablo Escobar y a sus socios en el cartel de Medellín, acababa de nombrar a cuatro periodistas salidos de El Tiempo, el mayor diario del país, como ministros y a otro de sus propietarios como Vicepresidente. La enorme tajada de la pauta publicitaria del Estado - que en Colombia es el mayor anunciante - permitiría a la familia Santos subir el precio de Casa Editorial El Tiempo en momentos en que salía a la venta y los gigantes editoriales españoles Grupo Prisa y Planeta se la disputaban. El Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, por su parte, se encargaría de la distribución de cinco<br /> millardos de dólares en ayuda militar de los Estados Unidos a Colombia y de la<br /> renovación de la flota aérea. Uribe nombró como Ministro de Relaciones exteriores a María Consuelo Araújo, hija y hermana de paramilitares cercanos al ex presidente Alfonso López, como embajador en París a Ernesto Samper, el ex presidente que recibió ocho millones de dólares del cartel de Cali para su campaña en 1994, como embajador en Madrid a Nohemí Sanín, prima política de Jorge Ochoa del cartel de Medellín, y como asesor presidencial a José Obdulio Gaviria, primo hermano de Pablo Escobar Gaviria. Y El Tiempo y la gran prensa guardaron total silencio.<br /> <br /> Al mismo tiempo, los dueños de Neways, la multinacional que me había despojado de mi patrimonio y obstruido durante diez años la valoración de mi caso en una millonaria demanda de agencia comercial, se encontraban en el banquillo en Utah; el juicio contra los Rodríguez, jefes máximos del cartel de Cali - en cuya emisora radial había yo trabajado en 1984 cuando Gilberto Rodríguez sobornaba a presidentes de la República, senadores, gobernadores, generales, procuradores y fiscales delante de mí - estaba a punto de iniciarse en una corte de la Florida; y Alberto Santofimio, el candidato de Pablo Escobar, estaba siendo juzgado por presunta autoría intelectual en el asesinato de<br /> Luis Carlos Galán en 1989. Todo se conjugó en un mismo mes, de manera providencial, y decidí ofrecer mi testimonio en los tres procesos y en el caso del Palacio de Justicia en 1985, a sabiendas de que me caería el mundo encima.<br /> <br /> 3. ¿Qué pasó con las fotografías de víctimas del Palacio de Justicia que usted recibió, a manera de amenaza? ¿Qué contenían? ¿Quién cree que las envió? En el libro afirma que se las entregó a Escobar. ¿Volvió a verlas?<br /> <br /> Nunca supe quién me las envió, casi un año después de mi reunión con Pablo Escobar e Iván Marino Ospina a mediados de agosto de 1985, dos semanas antes de la muerte del comandante del M-19 en combate con el Ejército. Contenían imágenes de los cadáveres de dieciséis personas que habían sido torturadas, desolladas, castradas o violadas de la manera más salvaje. La carta que las acompañaba decía que me harían lo mismo que a aquellas inocentes personas, para hacerme pagar por los crímenes de mi amante y por haber participado en reuniones con guerrilleros. Tras los hechos del Palacio de Justicia,<br /> yo me había jurado no volver a ver a Escobar, y para 1986 vivía en Cartagena e iba a casarme con el director del Acuario de las Islas. Estaba aterrorizada, no sólo por mi sino por mi futura familia, y decidí viajar a Medellín para entregarle a Pablo las fotografías, averiguar si lo que decía la carta era cierto, y pedirle protección. Él se quedó con todo, para ver si sus contactos en los organismos de inteligencia podían identificar las voces de quienes me amenazaban permanentemente por teléfono, y relacionarlas con las huellas digitales de las fotos y la grafología de la carta. Cuando, por razones explicadas<br /> en mi libro, nos volvimos a ver unos meses después, Escobar me confirmó que los cadáveres pertenecían a las personas detenidas tras la toma del Palacio, a quienes los militares habían torturado hasta la muerte para averiguar si eran guerrilleros, y si tenían información sobre siete millones de dólares en armas y dinero que los narcotraficantes supuestamente habían pagado a otros comandantes del M-19. En realidad, les había entregado dos millones, uno en efectivo a Iván Marino Ospina y uno en armas a Álvaro Fayad, el comandante máximo del grupo rebelde, y había prometido aportar otros cinco para la campaña electoral del M-19, una vez se convirtiera en partido político legítimo,<br /> si le ayudaba a declarar inconstitucional el tratado de extradición con los Estados Unidos. Escobar me describió las torturas infligidas a las víctimas - dos de ellas con nombre propio - ordenadas y supervisadas por el coronel Edilberto Sánchez Rubiano, a quien calificó de carnicero. Miembros del B-2, Inteligencia Militar, se las habían descrito a El Mejicano - Gonzalo Rodríguez Gacha, su mejor amigo y socio, residente en Bogotá y muy cercano a sectores del Ejército - y sus contactos en el F-2 de la Policía en Medellín habían corroborado la información. Nunca volví a ver las fotos ni la misiva que las acompañaba; Pablo me suplicó que intentara olvidarlas y, según creo, las quemó cuando no se pudo averiguar nada. Estoy segura de que quien las envió había presenciado las torturas o participado en ellas. Como yo era entonces una conocida periodista de televisión y radio, el remitente pretendía hacerme creer que Pablo y El<br /> Mejicano, hombre de extrema derecha involucrado en la muerte de centenares de dirigentes del partido socialista Unión Patriótica, habían pagado al Ejército para que asesinara a los seis comandantes guerrilleros que participaron en la toma o en su planeación para no pagarles el saldo prometido, y que los capos eran los grandes responsables de todo lo ocurrido durante aquella jornada de espanto.<br /> <br /> 4. ¿Cómo cree usted que el ejército supo previamente de la toma del Palacio de Justicia?<br /> <br /> No creo que el ejército supiera de la toma o conociera su fecha. Pero las autoridades estaban al tanto de las amenazas de Los Extraditables - como se autocalificaban los grandes narcotraficantes - a la Corte Suprema de Justicia. En aquellos días, Escobar no era todavía el terrorista de sus últimos seis años, el de los US $5,000 por cada policía muerto, las bombas en los centros comerciales y el avión de Avianca, o el atentado al servicio secreto DAS con ochocientas víctimas entre muertos y heridos. Para 1985, todavía invitaba a sus enemigos a escoger entre ¡Plata o plomo! Yo estaba convencida de que, ante la posibilidad de que la Corte Suprema ordenara su extradición a Estados Unidos, Pablo había viajado nuevamente a Centroamérica. Luego supe que en<br /> ese año había enviado coronas de flores y cartas amenazantes a los magistrados que decidirían sobre su extradición y unos días antes de la toma, que tuvo lugar el 6 de noviembre de 1985, los periodistas nos enteramos de una reunión de los altos mandos en el Club Militar para estudiar el refuerzo de la seguridad del palacio ante las amenazas de Los Extraditables.<br /> <br /> 5. ¿Qué piensa usted hoy sobre los motivos de la masacre?<br /> <br /> Como la justicia aún no estaba sistematizada, al prenderle fuego al Palacio y asesinar a los magistrados a sangre fría para que no quedaran testigos, los militares y los organismos de inteligencia se aseguraron de que 1,800 procesos por violaciones de derechos humanos desaparecieran para siempre; y, al atribuir al M-19 - responsable de la toma, más no del incendio y la masacre - toda la culpabilidad de aquella tragedia histórica, las fuerzas armadas y los dos partidos tradicionales beneficiarios de los narcos se aseguraron de que ningún grupo insurgente se convirtiera en partido legítimo y les disputara algún día el poder. En lo que toca a los detenidos, ya hemos explicado la razón<br /> de su muerte y desaparición forzada.<br /> <br /> 6. La periodista irlandesa Ana Carrigan, en su libro El Palacio de Justicia Una<br /> tragedia colombiana, sostiene que éste es de esos raros eventos que arrojan luces sobre toda una época. ¿Qué cambió en su país luego del Palacio de Justicia, por ejemplo en cu
Responder