VERTIGINOSO AUMENTO DE LA DELINCUENCIA


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Revista Insurrección 167-168   
lunes, 08 de junio de 2009
De manera reiterada los medios de información registran que en Colombia se ha disparado la delincuencia en los últimos años; sin embargo, los mismos medios poco se preocupan por hacer investigaciones serias que permitan entender las causas que lo han producido.

Detengamos en una de las causas:

Cuando el gobierno de Uribe mantenía con sus socios narcoparamilitares en el mal llamado proceso de paz, le ponía la firma a la vertiginosa estampida de la delincuencia que desde entonces hizo carrera.

Si nos atenemos a las cifras oficiales, debemos decir que el número de  narcoparamilitares desmovilizados, fueron 30 mil.


Quienes entienden un poco de la jerarquía militar comprenderán que por cada escuadra, o sea 10 hombres de un ejército, hay un primero y un segundo mando, lo que indica que por esos 30 mil desmovilizados, quedaron a sus anchas 6.000 mandos de escuadras que tenían el nivel de suboficiales.

Así mismo los 30 mil paramilitares tenían alrededor de 300 compañías, cada una de 100 hombres  y cada una de ellas tenía como mandos, dos oficiales con grados similares a tenientes o capitanes de los ejércitos regulares, para un total de 600 oficiales.

De otro lado, las estructuras regionales del paramilitarismo se denominaban bloques y cada uno tenía alrededor de 500 hombres, que presentan un total de 15 bloques paramilitares con 5 mandos por cada unos de ellos, con el grado equivalente a Mayores o coroneles de los ejércitos clásicos, para un total de 75.

Con base en estas cifras, el gran total de mandos narcoparamilitares que gozan de total impunidad luego del llamado acuerdo de paz, suman la cantidad de 6.765. Éstos fueron los mandos que pusieron en marcha las motosierras que el país y el mundo conocieron y aun viven con estupor porque el problema sigue, y la sangre sigue enlutando nuestro suelo.

Ya no son las AUC, dice el gobierno, pero siguen haciendo lo mismo, solo cambiaron de nombre y cada día se hace más evidente que actúan en convivencia con el Ejército gubernamental y la Policía.

Esta abultada cifra de mandos que disfrutan de la más brutal impunidad, no son los cabecillas extraditados, eran sus subalternos; ahora son las cabezas de bandas que delinquen desde algún lugar desconocido y con el respaldo de militares y policías que siguen articulados a ellos, como lo hicieron antes a las AUC y que siguen siendo además prestigiosos servidores públicos, por los que mete las manos a la candela el presidente Uribe.

De igual manera están vivos los contactos de estas bandas con funcionarios públicos cuya relación se remonta a los floridos años donde se conseguían más votos con el respaldo del narcoparamilitarismo que con la burda politiquería de ofrecer “puentes donde no hay ríos”

No es poca cosa casi 7000 cabezas de bandas delincuenciales, con tentáculos en las fuerzas armadas gubernamentales y en la burocracia del Estado porque la corrupción lejos de disminuir sigue aumentando, para desgracia del futuro de los colombianos honestos.

Si los mismos entes del Estado denunciaron que desde la cárcel, los cabecillas narcoparamilitares presos siguieron delinquiendo, así como desde los espacios  llamados de reinserción, ¿cómo no van a delinquir aquel alto número de cabecillas que cobijó el mal llamado proceso de paz y cuyas identidades nunca se dieron a conocer?

Desafortunadamente esta no es la única causa del incremento de la delincuencia común y el narcotráfico, sin embargo es una de las causas de ella y es el gobierno en cabeza de Uribe quien debe responder por esta grave tragedia que se cierne sobre Colombia.
 
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